Hasta el ser humano más cruel e insensible amó alguna vez en su vida. A otro (s) ser (es) humano (s), el más valiente; a un perro, un gato, una tarántula, por qué no a algún objeto o lugar. He conocido gente que amaba su mesa o las montañas que asoman detrás de la ciudad de Mendoza. Nadie escapa a este mandato, como si alguien hubiese ordenado desde el origen de los tiempos leyes generales que inevitablemente deben cumplirse.
El amor y la muerte se parecen: todos nos iremos de este mundo, todos alguna vez amamos a alguien. Los más optimistas, a más de un ser humano en su vida. No es objeto de este texto juzgar si el amar a demasiada gente es amor verdadero o no, como si el amor puro fuese un arma con una sola bala y existiese una única oportunidad para atinarle a nuestro blanco: si fallás, adiós para siempre, que pase el que sigue.
No me considero un entendido en la materia del mundo de lo trivial. Tampoco se me figura una virtud. Sí puedo dar fe de aquellos seres magnéticos que viven la vida con pasión y sangre. Estos seres están condenados al más cruel de los castigos mundanos: el inexorable paso del tiempo. Algún entendido en metafísica dirá que el tiempo solo existe dentro de nuestras mentes, que no es algo tangible sino una mera construcción (una de tantas) de nosotros los seres humanos para creer que estructuramos el desorden que nos rodea a nuestro antojo, para saber qué haremos mañana miércoles diecisiete de junio de dos mil veintipico a las catorce cuarenta y cuatro y quedarnos tranquilos que sucederá lo que esperamos que suceda, que la realidad (si me permiten la expresión) no nos cagará a trompadas y nos dejará tirados sin norte ni sur ni facturas de luz apilándose en la mesa ratona. Palabras, puras palabras. Ya se han ido.
Les ahorraré la vergüenza ajena. Eso es parcialmente cierto en los libros, en las universidades o en los cafés. De ser así, yo sería mi propio tiempo y podría anular mi mente. Anularla para siempre. ¡Sean estáticos y eternos aquellos momentos que recuerdo con fantástica alegría en este momento!
How I wish...
How I wish you were here
Hay personas y momentos que deben quedar inmortalizados en ese preciso instante, sin que le sobre ni falte nada, allí y para siempre, una estatua que perdurará en la memoria de los hombres como las grandes epopeyas en los anaqueles de la historia, el equilibrio perfecto entre el azar y el deseo, entre la duda y el miedo, entre lo que fuimos y lo que somos. Después de todo, ¿qué intereses estaría interrumpiendo al elevar tan insignificante deseo? ¿A quiénes estaría ofendiendo en mi prédica?
We're just two lost souls
Swimming in a fish bowl
Lo único que deseo es que ella, la que una vez amé con todas las fuerzas de mi corazón, estuviese aquí. Ojalá estuvieses aquí ahora mismo conmigo, acostada a mi lado en la cama mientras escribo estas palabras a modo de consuelo.
Por supuesto que el amor no es todo color de rosas, claro que no. Es intensidad, desde la primera noche exploratoria para ir construyendo un código único e irrepetible que irá creciendo ardiente y pacientemente hasta la pelea final. El amor es energía puesta en el otro, es pasión, ardor, fuerza, irracionalidad. Ese es precisamente el carácter salvador del amor: fuego y combustión. Después, la monotonía y las comedias románticas se encargarán de volver a teñir de gris nuestros días más felices.
Pero no se confundan. No quiero a la mujer que debe ser ahora. No, a la de ahora no. No sé quién es ella ahora.
Es por esto que me he encargado de elevar ante los dioses mi grito desesperado ante la irremediable sanción del transcurrir del tiempo. En los mismos ríos entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos. Nada vuelve a ser como era nunca. Esta fracción espacio-temporal es de acuerdo a infinitas variables que fueron confluyendo para generar lo que acontece. Estas palabras no podrían haber salido en otro momento sino ahora. Ustedes no podrían estar leyéndolas en otra situación sino en el preciso instante en que lo están haciendo. Si no me hubiese detenido a comprar un chocolatín no hubiese llegado tarde a tomar el subte que justo se iba del andén, entonces no hubiese agarrado por aquel pasillo porque habría menos gente y entonces…
A cada segundo ninguno de nosotros es lo que era. Si se fijan bien en el espejo, en este momento tienen una cana más que hasta hace quince minutos. Todo empieza para terminar y volver a empezar.
Estimo que a esta altura ustedes se preguntarán qué es lo que quiero.
La quiero a ella, sí. Pero quiero a la que fue. A la chica que fue en su momento. Y también quisiera ser yo aquel muchacho de entonces, y no quien soy ahora. A ella y solo a ella están dedicadas estas frases.
Ojalá la muchacha perdida en el lejano pasado inalcanzable estuviese acá, ahora, a mi lado. Por siempre.
Year after year
Running over the same old ground
What have we found?
The same old fears
Wish you were here